EL CINE COMO UNA FÁBRICA DE EXPERIENCIAS: MAITE ALBERDI EN EL FICG 41

Maite Alberdi encontró en el documental un hogar donde se sintió cómoda desde el principio. La atrajo lo orgánico de observar, afirma, y hasta la actualidad este género cinematográfico se ha convertido en su fábrica de experiencias.

La directora del El agente topo (2020), La memoria Infinita (2023) y Un hijo propio (2026) impartió en el marco de la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara la clase magistral “Filmar es observar, en la que habló de sus inicios en el cine y de su relación con los relatos de no ficción.

Con risas y anécdotas que llenaron la sala en el Conjunto Santander de Artes Escénicas, Alberdi habló del camino que recorrió para realizar su primer largometraje, El salvavidas (2011). Recalcó la investigación como una parte fundamental de la creación, un paso que implica trabajo de observación y de espera.

Es clave de los documentales, que uno no puede imponer un cronograma establecido como en los procesos de producción, porque cada personaje y cada historia tienen su manera de investigarse, su manera de filmarse y nos tenemos que adaptar a la vida, explicó la cineasta.

Entre fragmentos de La Once (2014), Alberdi detalló los desafíos a los que se enfrentó en la continuidad y cómo en este filme descubrió que a veces, como documentalistas, se busca retratar todo el tiempo a quién está hablando; la sorpresa está en que, en muchas ocasiones, se descubre que la vida pasa en la reacción, en el silencio de una conversación entre dos personas.

La conversación llevó hacia el documental más reciente de la directora: Un hijo propio (2026), en donde exploró cómo representar el testimonio de Alejandra, su personaje y también su vida en el presente.

Entre el público surgió la pregunta: ¿Cómo encontrar el final de un documental?. A lo que Alberdi respondió que al realizar La Once no sabía cómo terminaría, pero tenía claro que acompañaría a las mujeres en sus reuniones hasta el final. Así fue durante cinco años, hasta el fallecimiento de su abuela.

“Y es como una celebración de la vida ese final y yo jamás lo habría escrito así porque yo estaba viendo eso desde el dolor”, destacó. “La realidad es inverosímil […] cuando vean Un hijo propio, es un buen ejemplo porque tiene un final que yo, ni en mis mejores sueños, hubiera podido escribir. Es el final más insólito que he visto”.

La clase magistral de Maite Alberdi creó un espacio excepcional en donde explicó no solo aspectos técnicos de la creación, sino que también ilustró, a través de una metáfora, que dirigir ficción es como el trabajo de una pintora con un lienzo en blanco hasta que aparece la imagen; en cambio, el de las documentalistas se parece más a una escultora que saca la realidad de una piedra gigante, se le da forma con claridad en el tema y decisiones estéticas que delimitan y guían. Ahí surge la figura del documental.