En la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), se llevó a cabo la presentación del libro Luisa Huertas: Tómalo como quieras, con una charla entre la actriz mexicano-salvadoreña y el director de cine y productor Roberto Fiesco, autor de la publicación, en el Conjunto Santander de Artes Escénicas.

El libro reúne una selección cuidadosa y sensible de momentos e imágenes que permiten atestiguar la evolución que la actriz fue construyendo a lo largo de cada uno de sus trabajos, así como su visión de la interpretación con un sentido de responsabilidad. Entre sus páginas se muestra cómo su carrera se distingue por una capacidad de reinvención constante gracias a una entrega y dedicación que perduran.
Huertas entiende la actuación como una responsabilidad al dotar a sus personajes de una profundidad que refleja su complejidad. Su vocación la descubrió a los ocho años, a través del juego. Desde el primer momento, contó con el apoyo de su familia, algo que sería elemental para desarrollar su carrera.
El camino profesional que ha recorrido por más de 50 años se distingue por ir acompañado del reflector, pero también por una formación académica que disfrutó tanto que la llevó del aprendizaje a la enseñanza, pasando de forjarse en lugares como un taller de teatro infantil del INBA a ser testigo de momentos históricos como la fundación del Centro Universitario de Teatro (CUT).
Huertas narró cómo fue su paso por la radio, en donde aprendió a “leer a primera vista”. Este espacio sería determinante para otra de sus grandes pasiones: el trabajo vocal, que describió como una experiencia de gran riqueza. “Descubrir que no tienes ningún otro recurso más que la voz para que pasen cosas frente a un micrófono”, abundó.
Fiesco abordó con Huertas su transición del teatro al cine; para ella, la actuación en ambos escenarios es el mismo ejercicio, aunque cada uno tiene sus propias necesidades técnicas. Indicó que no hay recetas en la actuación: se trata de entregarse al rol, comunicarse con el director y convertirse en el personaje.
Su participación en El imperio de la fortuna (1986), del director Arturo Ripstein, con quien continuaría trabajando en distintos proyectos, fue clave para el rumbo de su carrera. Su experiencia teatral le permitió desenvolverse con facilidad en el plano secuencia, trabajar con diálogos complejos y personajes llenos de intensidad.
Resaltó que, cuando se es actor, se debe ser un observador agudo, un voyeur de las reacciones de los demás, una herramienta que contribuye a la construcción coherente de sus personajes. Su militancia política le sirvió también para este ejercicio, al darle la oportunidad de conocer personas de diferentes orígenes y contextos, así como una percepción social que ampliaría su visión sobre el mundo y sus aconteceres.
Su trayectoria está marcada por papeles secundarios “pero emblemáticos”, afirmó la actriz. Compartió que su elección de papeles no depende tanto de obtener un protagónico, sino de la calidad del guion y de su deseo de trabajar con ciertos directores.
Sin embargo, No nos moverán (2024) sería un punto distinto en su carrera al otorgarle un protagónico icónico. Expresó que su fascinación por el guión y el conocer al director Pierre Saint-Martin la llevarían a ser parte de esta película mexicana sin saber el impacto que generaría en las audiencias.
Por último, Luisa Huertas subrayó que no se arrepiente de haber asumido su rol como actriz con tanta dedicación y entrega. Agradeció la generosidad de su familia, que siempre comprendió y aceptó todo lo que su trabajo implicaba, incluidos los sacrificios y las ausencias.
Recordó con cariño el impulso mutuo que compartió durante los 25 años de vida en pareja con su marido, el difunto actor Miguel Córcega, con quien coincidía en la misma pasión, obsesión y entrega por la actuación.
La conversación fue un espacio para afirmar que la actriz se encuentra en una etapa de plenitud, fruto de una vida marcada por la convicción y la resistencia, consolidándose como un ejemplo único dentro de su profesión. Dejando la enseñanza de que aprender siempre va a ser parte de estar vivo.