En el tercer día de la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), se presentó la clase magistral “La internacionalización del cine chileno: La historia de Fábula”, en la que participaron los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín y el moderador Francisco Ramos, vicepresidente de Contenidos de Netflix Latam.

Fábula es una productora fundada en 2003 por los hermanos Larraín, dedicada a la creación de cine, televisión, series y contenido publicitario. La charla tuvo como objetivo explorar su experiencia en el desarrollo y crecimiento de este proyecto, así como su proceso de aprendizaje al trabajar en coproducción con otros países y distintos directores.
El moderador abrió la charla preguntando a los ponentes qué tan importante es para un país contar con una cinematografía propia. En respuesta, dijeron que, al provenir de una nación que atravesó un trauma político que derivó en un “apagón cultural” de tres décadas —un periodo del que fue especialmente difícil salir—, comprenden las complicaciones que supone la construcción de una tradición fílmica nacional. También señalaron que esa experiencia se convirtió en un caldo de cultivo para forjar un imaginario potente que, como creadores, les sirve para elegir desde dónde contar sus historias.
Añadieron que este es un fenómeno compartido por muchos países latinoamericanos: la búsqueda de una voz narrativa que, al contar historias de cosas que están cerca, logre un lenguaje universal sin perder la identidad cultural que los precede.
Juan de Dios señaló que, desde su perspectiva, la riqueza cultural de Chile está relacionada con factores geográficos. Al ser una isla, un lugar escondido en el que para hacer algo era necesario tomar un avión, resulta en una desconexión territorial, y por lo tanto, en una necesidad de validación externa.
Al respecto del tema de coproducción, los hermanos hablaron de éste como una vía que les permitió sacar adelante sus primeros proyectos. La experiencia les hizo comprender que la colaboración entre países logra que las historias que se cuentan sean universales. Tanto en el éxito como en el fracaso de sus trabajos, entendieron que la clave está en confiar plenamente en las directoras y directores, apoyando y respetando su autoría. Para ellos, lo fundamental es producir historias con sentido y contenido social.
Por su parte, Pablo habló de la diversidad cultural de Chile; lo describió como un país que ha cosechado a prolíficos artistas en ámbitos como la fotografía, la literatura y el cine. Compartió que hay un encuentro de gente que se dedica a producir un amplio abanico de géneros y temas, y añadió: “Somos un montón de gente muy diversa y sumamente extraña”.
A su vez, el cineasta reflexionó sobre cómo vive el cambio de rol de director a productor. Para él, observar el trabajo de otros es un proceso de admiración fascinante. Explicó que ser director es “ser una isla”, mientras que ser productor le permite salir de ese aislamiento para conocer y enriquecerse con el proceso creativo de otros.
Otro tópico de la clase magistral fue la manera en que evolucionó su proceso de elección de proyectos, siendo esto algo que también resultó de la experiencia acumulada. Ambos señalaron que es importante priorizar la realización de historias que verían como espectadores y alejarse de aquellas que no, resultando en la forma más honesta de trabajar. Pensar en las audiencias es el puente que logra que las producciones dialoguen y conecten con el público, aseguraron.
Por último, los chilenos coincidieron en la importancia de mantener una distinción entre la producción televisiva y la cinematográfica, centrando la primera en el entretenimiento y un ritmo más ágil y la segunda en un mayor peso cultural y una narrativa más densa.
Ambos realizadores, con dirección de Pablo y producción de Juan de Dios, cuentan con una trayectoria que incluye películas icónicas como No (2012), Spencer (2021) y Jackie (2016), El conde (2023), entre muchas otras. Paralelamente, han incursionado en la producción de series con proyectos como Prófugos (2011–2013), La jauría (2020) y más recientemente Alguien tiene que saber (2026) y Mis muertos tristes (2026).