¿Cuántos conocen la palabra capacitismo?, preguntó la moderadora Martha Claudia Moreno al público. Entre decenas de personas, solo unas tres o cuatro levantaron la mano. Esto estableció el tono del panel e invitó a la reflexión con el comentario:

“Con esta creencia de lo hegemónico, lo canónico, etc., vamos limitando la experiencia humana. […] ese es el tema, la invisibilización que ha sido y de todo lo que nos hemos perdido, de toda la sensibilidad, mirada, reflexión y creatividad porque al final del día todos somos únicos e irrepetibles, y tenemos algo que aportar al mundo”.
En la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) llevó a cabo el panel “Producción en expansión: hacia un cine accesible y verdaderamente diverso”.
Con la asistencia de Paulo Silva, actor mexicano; José Camacho Cabrera, director de Las hijas del viento; y Adriana Carrillo, directora de sonido del mismo documental, se habló acerca de la inclusión de personas con discapacidad en el cine, tanto en la parte narrativa como en el área de producción de las películas.
Al respecto de las historias o tramas, Paulo Silva mencionó que si una historia va a abordar o tener personajes con discapacidad, es importante que también haya personas con discapacidad detrás de cámaras, que estén involucradas desde el desarrollo; si no, se corre el riesgo de perpetuar clichés y prejuicios.
“Porque luego también vemos este tipo de contenidos que están replicando todo el tiempo estos clichés y prejuicios de la discapacidad, ¿no? Muy asistencialista. O el típico héroe de la discapacidad que viene y que tiene a un cuidador o cuidadora y de repente la persona con discapacidad se muere y ahí se acabó la trama”, expresó Silva.
Detrás de cámaras, un gran ejemplo de esta inclusión es Adriana Carrillo. Debido a su alta sensibilidad auditiva, el diseño sonoro de Las hijas del viento buscó minimizar la necesidad de autodescripción, permitiendo que el sonido ayude a quien la vea a ubicarse en el punto narrativo de la historia.
Adriana mencionó que se parece a cuando entra a un cuarto: tiene que situar cada sonido, algo que buscó recrear en el diseño sonoro, que cada espacio tenga su presencia sin necesidad de la imagen y con ello la audiencia sea capaz de ubicarse en la historia sonoramente. José, el director del documental, destacó que la gran capacidad de escucha de Adriana aportó algo que él nunca hubiera podido lograr.
Enfrente de la cámara, Paulo Silva mencionó que es importante que a las personas de discapacidad no se les dé un papel o trabajo por lástima o condescendencia: “La lástima, lastima, y nosotros nos hemos preparado muchísimo”. Aseguró que si tú tienes a una persona con discapacidad en tu producción, esa persona va a dar el doble o el triple porque las oportunidades para ellas han sido muy limitadas.
El panel concluyó que la inclusión es necesaria y beneficia a todos, aunque implique un poco más de trabajo. Al respecto, Adriana añadió:
“Creo que muchos, y es un tema tal vez duro, le dan la vuelta a tenernos trabajando en sus filas por lo que costamos. Por lo que cuesta describir una imagen en vez de solo: ‘ahí está, vela’. Por lo que cuesta poner una rampa en lugar de decir que se suba solo, por lo que cuesta hablar el lenguaje de señas en vez de nomás comunicar normal y ya. Pero creo que merecemos ese esfuerzo”.
Asimismo, la directora de sonido invitó a hacer las cosas bien, aunque cueste más trabajo: si se realiza audiodescripción para una serie o para cine, que se haga correctamente y no a medias; la inclusión no solo beneficia a las personas, sino también a otras áreas. La reflexión finalizó destacando el beneficio indirecto que puede tener una rampa para departamentos como cámara o arte.